
Alguien necesita trabajo. Alguien necesita repartir.
Doña Luisa hace un pan amasado buenísimo, pero no puede llevarlo más allá de su cuadra. A diez cuadras, un vecino busca trabajo. PENTUS los junta: quien conduce reparte en su propio barrio, sin cruzar la ciudad, y gana con cada viaje.

El último tramo, resuelto por un vecino.
El tramo final de una entrega, hasta la puerta de quien compra, suele ser el más caro. PENTUS nace para repartir lo que producen los proyectos del ecosistema, como SALUDABLIX: comida sana preparada por microempresarios cerca de tu casa.

Láminas planas. Cero moldes.
La carrocería se arma con láminas de policarbonato y aluminio cortadas con láser. Nada de fábricas gigantes: si una pieza no quedó bien, se corrige el diseño y se corta de nuevo. Un vehículo que se puede armar uno mismo.

Piezas que existen en todas partes.
Un motor eléctrico central, gobernado por un controlador como los de las bicicletas eléctricas. Se fabrican por millones: son baratos, se consiguen fácil, y si algo falla el repuesto no tarda meses en llegar.

Todo lo que importa, en un círculo.
Una pantalla redonda en el volante muestra la velocidad, cuánta batería queda y la próxima vuelta del recorrido. Desde ahí también se controlan el vehículo y sus accesorios.

Sin bencina. Con aire más limpio.
Moverse con electricidad en vez de bencina es un aporte al medio ambiente. En el ecosistema, Flowers reconoce el valor que aportan las personas, y ese aporte también cuenta.

Primero con conductor. Después, solo.
En su primera etapa, a PENTUS lo maneja una persona. La segunda etapa, a futuro, suma un computador de inteligencia artificial y cámaras a bordo para avanzar hacia la conducción autónoma. Hoy es una perspectiva, y así lo contamos.





